NATALIDAD O EXTINCIÓN


NATALIDAD O EXTINCIÓN

Hoy, hablar de la insostenibilidad de las pensiones está de moda, como lo está periódicamente desde hace muchos años sin que se hayan implementado soluciones sensatas y serias, más allá de parches superficiales y cortoplacistas inspirados siempre en la reducción de los derechos o expectativas legítimas de los pensionistas. Una vez más prima el corto plazo (la contabilidad pública) sobre los intereses reales de la gente de a pie.

Aparte de la insostenibilidad de las pensiones, una natalidad reducida conlleva otras consecuencias que pueden incidir negativamente en el bienestar y paz sociales en el medio y largo plazo. Algunas de estas consecuencias pueden ser:

  • Dificultades crecientes para sostener y financiar el gasto sanitario y en medicamentos.
  • Disminución de las rentas familiares disponibles por tener cada vez más peso en su composición las pensiones y por la necesidad de gravar más los salarios con cotizaciones o impuestos crecientes.
  • Disminución de la población activa con respecto al resto sostenido por aquélla.
  • Infrautilización del sistema educativo y cierre de centros,
  • Cambio del tejido productivo hacia servicios más propios de ancianos y dependientes y desaparición de empresas productoras de bienes para niños y jóvenes.
  • Disminución de la innovación, el emprendimiento y la generación de riqueza, elementos necesarios para la adaptación de nuestra economía a los mercados globales del siglo XXI.
  • Debilitamiento de la estructura familiar, necesaria como creadora de la ecología de la vida y herramienta indispensable e insustituible de solidaridad entre las generaciones.
  • Debilidad estructural del Estado del bienestar basado en la solidaridad intergeneracional.
  • Imposibilidad de atender las demandas del mercado de trabajo con recursos humanos autóctonos.
  • Generación de una dinámica peligrosa de tensiones intergeneracionales crecientes de consecuencias imprevisibles.
  • Incremento del número de personas abocadas a una soledad estructural en el largo tiempo de su ancianidad.
  • Tensiones económicas insostenibles para los servicios sociales públicos.

Estas son algunas, pero no todas, las consecuencias que tiene la baja natalidad que sufrimos en prácticamente todo el mundo desarrollado, siendo España uno de los países que más rápido avanza hacia el precipicio. Como se ve, un país sin hijos es un país con mayores desigualdades, menor solidaridad y mayores riesgos de futuro para la estabilidad social y el crecimiento económico. Si no tomamos medidas para solventar este problema, el fracaso colectivo está garantizado. La política de subvenciones no tiene por qué ser la imperante para aumentar la natalidad aunque puede ser un componente importante de esta política.  Mejor abaratar o prestar gratis un servicio que dar rentas sin más. Algunas de estas medidas pueden ser:

  • Garantía de unos salarios decentes para todos, especialmente para los jóvenes.
  • Ayuda a la adquisición de vivienda para familias con hijos. No una mínima deducción fiscal, sino el pago de un porcentaje creciente del coste de la vivienda en función del número de hijos
  • Deducciones fiscales especiales para las familias con hijos en proporción creciente según el número de hijos
  • IVA hiperreducido para productos de consumo cotidiano de niños: pañales, leche en polvo, medicamentos, carritos, sillas, etc.
  • Precio reducido (proporcionalmente al número de hijos) en colegios, universidad, transporte público, museos, etc.
  • IRPF, ITM, ITP menores en proporción al número de hijos (menguas significativas, no ridículamente bajas como actualmente).
  • Comedor y libros gratuitos para familias con varios hijos.
  • Incentivo de la conciliación laboral y familiar, flexibilidad, teletrabajo. Incentivos fiscales y en la contratación pública a Empresas Familiarmente Responsables.
  • Consideración del tiempo de atención a los hijos como tiempo de cotización a los sistemas públicos de pensiones y/o primas en la pensión a percibir según el número de hijos.
  • Concreción y blindaje de un porcentaje de los Presupuestos Generales del Estado homologable con la media europea con el fin exclusivo de protección y ayuda a las familias, (nunca dedicado a ideología sino a necesidades reales).

Hoy día tener varios hijos es en la mayoría de los casos una auténtica heroicidad, lo que además de absurdo es injusto. El papel de una política de altos vuelos, por lo demás tan escasa en España, es el de mirar por el bien y bienestar de las personas y garantizarlo para las siguientes generaciones. Si queremos una política como esa, verdadera, no podemos ignorar por mera ideología (como se ha hecho hasta ahora) la necesidad de tomar cartas en el asunto, facilitando que las familias tengan la posibilidad de criar más hijos sin arruinarse por el camino.

Para AVANZA el llamado “suicidio demográfico” es uno de los problemas estructurales de nuestra sociedad que vamos a afrontar con sentido de la responsabilidad aunque sus efectos no se presenten con virulencia en el horizonte de una legislatura. Para AVANZA la familia es una institución de inmenso valor social más allá de los debates ideológicos o conceptuales de moda y  vamos a apoyarla por sentido de la responsabilidad  política. Para AVANZA el apoyo a la natalidad es una exigencia política de primera magnitud y no nos vamos a sentir limitados para promocionarla ni por ideologías antinatalistas de moda ni por miedos estúpidos a recuerdos de un pasado que nos es ajeno.

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