LA CONSTITUCIÓN Y LA REVOLUCIÓN DE LA LIBERTAD


LA CONSTITUCIÓN Y LA REVOLUCIÓN DE LA LIBERTAD

La Constitución del 78 está a punto de llegar a los 40 años de edad. Bajo ella hemos disfrutado de libertad y paz; es para estarle agradecidos. El balance de su vigencia es claramente positivo, pero a la vez bajo su amparo han crecido vicios políticos e insuficiencias institucionales dignas de consideración y que aconsejan reformas y actualizaciones.

La salud de una sociedad libre depende de las virtudes de los ciudadanos, un ejercicio de la política responsable y equilibrado, la libertad económica de la sociedad y la apuesta por la justicia social por parte de todos los agentes sociales públicos y privados. En la España de la Constitución el factor de los indicados que más se ha degradado es el referido al poder político convertido en coto privado de una partitocracia que controla todas las instituciones del Estado y corrompe a todos. El poder político:

-lastra la libertad económica a través de una estructura fiscal injusta y desproporcionada. El intervencionismo y arbitrariedad estatal cercenan la creatividad productiva y genera desempleo y marginación social, a la par que se abre al servicio de los poderosos lobbys económicos que son los únicos que acceden a influir en el poder establecido.

-limita la potencialidad de la sociedad civil, las familias y la escuela para generar ciudadanos responsables, con leyes y políticas que no apoyan a la familia y permiten el adoctrinamiento ideológico en la escuela en detrimento de la calidad ética de las nuevas generaciones.

-no se ocupa con eficacia de la exclusión social creciente y olvida a las futuras generaciones con el diseño de políticas cortoplacistas que endeudan al Estado hasta límites insoportables.

La culpa no es de la Constitución, sino de las élites políticas que controlan una democracia de partidos que ha sustituido en la práctica a la democracia de los ciudadanos. Ejemplo paradigmático es lo sucedido en Cataluña: una élite partidista ha ocupado el poder, adoctrinado a la sociedad, manipulado todas las instancias sociales y presionado a las empresas para crear un poder sólo controlado por ellos bajo el mito de la independencia, al precio de empobrecer a toda una sociedad, acabar con la libertad y destruir moralmente a todo un pueblo. Y esto está pasando a menor o mayor escala en toda España.

El problema no es la Constitución, sino la élite política, que bajo su amparo controla el Estado a todos los niveles y se sirve a sí misma y a su continuidad en el poder por encima del servicio al conjunto de la sociedad. Toca hacer una revolución de la libertad en España que exigirá –también- ciertas reformas de la Constitución para eliminar o, al menos, dificultar la tentación partitocrática.

Estamos agradecidos a nuestra Constitución, pero rechazamos el inmovilismo constitucional que encubre el conservadurismo de estructuras de poder partitocrático contrarias a la libertad y a una sociedad abierta, que no se acostumbre a cotas irracionales de intervencionismo y marginación social.

No compartimos los mitos ideológicos de quienes creen que superando lo que llaman el “régimen del 78” todo se arreglará, pero tampoco queremos acostumbrarnos a la idea de que hay que dejarlo todo como está, lamiéndonos las heridas, por miedo a los cambios. Hay mucho que cambiar, también en nuestra Constitución, para que se pueda hacer una política centrada en las personas y no en los políticos y sus intereses.

Otra política es posible. España necesita una revolución para la libertad que pasa –también- por una reforma de la Constitución para recrear una democracia de los ciudadanos que sustituya a la democracia de los partidos. Pero la reforma constitucional es sólo un medio para lo que importa: construir una sociedad más libre, más amable con la familia, más centrada en las personas.

Este es el proyecto de AVANZA.

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