CATALUÑA, UNA RESPONSABILIDAD DE TODOS


CATALUÑA, UNA RESPONSABILIDAD DE TODOS

Los hechos ocurridos en Cataluña en los últimos meses ponen de manifiesto algunos fenómenos de fondo de nuestra época que merecen cierta reflexión, a saber:

a) En el seno de nuestras democracias laten pulsiones de matriz totalitaria.

b) La irresponsabilidad política de parte de la ciudadanía posibilita que minorías activas construyan el futuro contra la mayoría.

Solemos dar por supuesto que el régimen de libertades y la democracia están garantizados y son eternos, pues esta es la forma de vida que hemos conocido en los últimos cuarenta años y la más extendida en nuestro entorno. Sin embargo, la historia y la geografía nos enseñan que esta forma de convivencia en paz es algo excepcional en la historia y no es lo más normal, ni siquiera en nuestra época si miramos más allá de nuestro entorno más cercano.

De hecho, la democracia puede incubar su propia destrucción si una sociedad admite que el poder político se use para adoctrinar ideológicamente en la escuela a las nuevas generaciones en la ideología del poder político, y consienta que éste use los medios de comunicación para imponer sus particulares ideas, a la vez que crea artificialmente desde el propio poder un entramado social subvencionado con recursos públicos para crear una apariencia de mayoría social que apoye la ideología del poder y sus postulados. Esto es lo que ha sucedido con el nacionalismo catalán: toda una sociedad se ha ido subordinando a las estrategias del poder auto revestido como encarnación del conjunto de la sociedad hasta el punto de condenar al silencio al discrepante por métodos de presión social innominados hasta aparentar una voluntad mayoritaria inexistente, pues se basa en la condena al silencio de los discrepantes aunque sean mayoría realmente.

Lo sucedido en Cataluña es responsabilidad de los gobernantes nacionalistas y de quienes se han puesto a su servicio, aún al precio de prostituir su ética personal y su función social como los profesores y los periodistas, que han usado su posición para manipular conciencias –incluso de niños- al servicio de los poderosos que les pagaban y los promocionaban. Pero es también responsabilidad de cuantos –por llevarse bien con el poder, por recibir migajas de negocio o por mera cobardía o pasotismo- han contribuido con su silencio a la apariencia de que el independentismo era la postura abrumadoramente mayoritaria de la sociedad catalana. Nos parece más grave la conducta de estos últimos que la de los políticos independentistas.

Los empresarios que han huido de Cataluña tras la DUI –porque ellos sí pueden hacerlo- dejando en la estacada a los que no pueden huir y van a pagar esta aventura con desempleo y pobreza, han contribuido durante años con su silencio y su dinero a la causa de la que ahora huyen. Nos  parecen más indignos incluso que los Puigdemont de turno. Los no independistas que durante años no han votado en las elecciones autonómicas y han posibilitado con su abstención la locura actual son tan responsables de lo que pasa como los independentistas que han llevado a Cataluña a la locura actual.

Es hora de aprender: todos somos responsables de lo que nos sucede. Ya está bien de quedarse en casa porque no nos gusta la política y sus actores circunstanciales: vivir en una democracia donde se puede votar es una gran responsabilidad que no es legítimo rehuir. Todos somos responsables de nuestra sociedad y su futuro.

Sabemos que una mayoría de catalanes no son independentistas, pero quizá y por el silencio y la abstención de una mayoría de éstos, el futuro de todos los catalanes –y del conjunto de los españoles- se construya por la iniciativa de los independentistas. Los no independentistas son también los culpables y los responsables de esto por su silencio y abstención; lo mismo pasa en el conjunto de España: la clase política no representa el sentir mayoritario ni el estilo de vida de la mayoría de los españoles en temas esenciales como familia, preocupación por los más necesitados, fiscalidad, aprecio por la libertad o indignación por el desempleo juvenil crónico.

Por eso es necesario un proyecto como AVANZA, es decir, una movilización de la sociedad civil para hacerse presente en la vida política. Todos somos responsables de nuestro futuro y hemos de ejercitar esa responsabilidad de forma activa.

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